el combate naval de Iquique


Monumento a los héroes navales de la Guerra Del Pacífico,1879-1886, Perú y Bol+ivia contra Chile

Me es casi imposible, como se dice en el Castellano de Chile, no escribir algunas palabras de honra a los que supieron defender la honra de la República de Chile que durante los finales del Siglo XIX, vivía en paz y harmonía. Excepto, como tengo relatado en otros textos, los desacuerdos entre partidos políticos, desde el día de la Independencia de Chile, que se conmemora el 18 de Septiembre, desde el año 1810. Ese fue el día en que la independencia de la corona de España comenzó, cuan el Rey Borbón Fernando VII fue substituido por el hermano de Napoleón Bonaparte, José, que no sabía gobernar. Como sabemos ya por otros ensayos míos, el representante de la Corona convocó a una reunión de notables, dijo: en España no hay Rey, no tengo a quién representar: os entrego el bastón y el mando. Los notables eligieron al ya muy anciano Conde de la Conquista, Mateo de Toro y Zambrano, como Gobernador de un Chile libre. Las escaramuzas por el poder comenzaron, la familia Carrera organizó el primer golpe de estado, derrocaron al Conde, que se fue a su casa a morir. Gobernaron como entendieron, creando una Constitución para organizar el gobierno de la Nación, aún no República, con José Miguel Carrera como Jefe. José Miguel Carrera es uno de los personajes más controversiales de la historia chilena. A pesar que es considerado como uno de los padres de la patria en Chile, durante su vida misma fue acusado por algunos patriotas de traición a la causa independentista y de buscar instaurarse como dictador, caso que refleja por ejemplo en las acusaciones que se le hicieron por tratar de convertirse en un Napoleón en tierra chilena. Algunos historiadores, como Diego Barros Arana, suponen que gran parte de estas controversias derivan del carácter impetuoso y apasionado de Carrera, pues a menudo él no habría considerado las posibles consecuencias de sus actos, lo que en ocasiones produjo resultados nefastos al fin último que buscaba. Sin embargo, es posible también entender sus actos como motivados por una finalidad diferente a la de otros independentistas, lo que habría producido desacuerdos y problemas.

En efecto, a pesar que Carrera era claramente independentista, existen autores que dudan del republicanismo del caudillo, y, al contrario, otros lo consideran el fundador de la República. Existen también algunos historiadores que simplemente lo ven como uno de los primeros caudillos que, basados en el poder militar y la demagogia, dominaron mucho de la vida política de América Latina.

Otra rama historiográfica reconoce el papel fundacional de Carrera. Ven en él a un revolucionario que en base al poder político que pudo acumular dotó al país no solo con una constitución política sino una nueva institucionalidad (como el Senado de 1812), de nuevos símbolos patrios, de una nueva educación más acorde con los nuevos tiempos y más extendida al incluir a las niñas, entre otros avances que harían de él el verdadero constructor del Estado. Dentro de esta corriente se puede catalogar a los hermanos Amunátegui y a Julio Alemparte.

Hijo del coronel de las Reales Milicias Ignacio de la Carrera -descendiente de conquistador-, y Francisca de Paula Verdugo Fernández de Valdivieso y Herrera. Fue el tercero de cuatro hermanos: Javiera, Juan José, José Miguel y Luis. Mi fuente, además de las citadas en el texto,  es Historia de Chile, Encina-Castedo, Tomo I, pág. 523, Segunda Edición, 1956. Javiera fue  quien  diseño la primera bandera chilena, en 1811, que no prosperó, , como mucha de sus acciones.

Primeira Bandera Chilena, diseñada por Javiera Carrera en 1811, que no prosperó

También no hubo tiempo. José Miguel Carrera fue depuesto

el Senado pasó a gobernar la Nación.  parece justo decir que -cualquiera fueran sus intenciones o ambiciones- José Miguel Carrera estaba inspirado sino por las ideas liberales o republicanas por lo menos por las de la ilustración como se entendía en España y un naciente Patriotismo, que difería del concepto de patriotismo que tenían otros hispanoamericanos de la época como Bolívar, etc, que hablaban de una Patria Americana, mientras que Carrera hablaba de una Patria Chilena. La mayoría de las acciones de su gobierno parecen destinadas a crear lo que se llamaba una “opinión pública ilustrada” y a fomentar una identidad nacional distinta al ser súbditos españoles. Se puede alegar convincentemente que su deseo o intención era despertar el interés de los sectores populares, hasta ese punto totalmente indiferentes a la causa independentista, dado a que el proceso de independencia fue, de acuerdo a las concepciones de la época obra de lo que se llamaba en aquellos tiempos “vecinos nobles” (terratenientes, aristócratas, mandatarios militares o eclesiásticos) ya sea europeos, en su mayoría españoles, o sus descendientes directos – los únicos que se aceptaba en esos días como criollos – dejando de lado sectores populares, no solo el creciente mestizaje y los indígenas pero también los españoles pobres o no nobles. Descripciones de ese tiempo[25] dejan claro que los sectores “aristocráticos” y comerciantes acomodados consideraban inferiores no solo a esos pero también al naciente sector profesional, especialmente si estos provenían de familias “mestizas” (muy pocos. Para acceder a la educación superior en esos días era necesario pasar un examen de “pureza de sangre”. Es decir, demostrar que no se era mestizo – ver Estatutos de limpieza de sangre)-. El sector “no hispano puro” sufría de un analfabetismo casi absoluto, y de constantes maltratos y discriminaciones por parte de los dueños de la tierra y el dinero. Una lectura cuidadosa de sus escritos sugiere, sin embargo, que la concepción carrerina de “el pueblo” se refiere a lo que en esos días era considerado el Tercer Estado y en estos, probablemente, las clases medias.

Su gobierno publicó, además, el primer periódico del país: “La Aurora de Chile”, cuyo editor era fray Camilo Henríquez, y en el que se proclamaron tanto los ideales independentistas como los de la ilustración. También fundó el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional de Chile e impulso la formación de una Sociedad Económica de Amigos del País. Se establecieron escuelas gratuitas en los conventos, tanto para hombres como para mujeres y se establecieron relaciones comerciales con los Estados Unidos e incluso recibió al primer cónsul estadounidense en Chile Joel Robert Poinsett, con quien estableció una estrecha relación.

Entre sus otras obras se incluyen la iluminación nocturna y reparación de calles. También fundó la Escuela de Granaderos, base para la futura Escuela Militar.

En marzo de 1813, desembarcan las tropas de expedición enviadas por el Virreinato del Perú, a cargo del Brigadier Antonio Pareja, con el objetivo de sofocar la emancipación de Chile. Carrera asumió como General en Jefe del Ejército y combatió en Yerbas Buenas, San Carlos y Talcahuano. Las primeras batallas aunque celebradas como victorias en la capital, resultaban ser de incierto resultado; el gran grueso del ejército carecía de la misma experiencia que Carrera en batalla, siendo las deserciones y errores tácticos (y hasta vergonzosos) más comunes de lo que se podrían esperar.

Croquis de Chillán (Chillán Viejo) ordenado levantar por Carrera para sitiar la ciudad.

Luego de la llegada de las tropas de Gabino Gaínza, Carrera puso en sitio la ciudad de Chillán (véase Sitio de Chillán), de la cual se tuvo que retirar por no contar con los medios adecuados.

Croquis de la Ciudad de Chillán Viejo, mandado levantar por JM Carrera

En enero de 1814 le sucede en el mando del Ejército el Brigadier Bernardo O’Higgins, victorioso en las batallas de El Roble, el Quilo y Membrillar. Una vez entregado el mando en Concepción, al dirigirse a Santiago es hecho prisionero por los españoles, pero logra fugarse.

El 23 de julio de 1814 encabeza con el presbítero Julián Uribe una revuelta que depone al Director Supremo, Francisco de la Lastra de la Sotta e instala una junta de gobierno con él como presidente. Sin embargo parte del gobierno civil escapa al sur y, en un cabildo abierto en Talca pide a O’Higgins que restaure el gobierno representativo. En consecuencia su hermano Luis enfrenta a O’Higgins en el combate de Las Tres Acequias, derrotándolo con una hábil estratagema defensiva. El desembarco del Brigadier Mariano Osorio enviado por el Virrey del Perú para sofocar nuevamente la independencia de Chile, los obliga a unir fuerzas, pero la falta de materiales de guerra y la celeridad de Osorio, desembocan en el Desastre de Rancagua, donde son batidas las fuerzas patriotas encabezadas por O’Higgins. José Miguel Carrera y sus hermanos emigraron a Mendoza junto a muchas familias patriotas de Santiago. Él se encontraba en la retaguardia para proteger a la multitud que huía, enfrentándose con las tropas realistas en plena cordillera, en la denominada Batalla de los Papeles (el 11 de octubre de 1814). Llega a Argentina donde sólo logra enemistarse con el gobernador, siendo luego aprisionado y fusilado.

Estos son los antecedentes remotos del Combate Naval de Iquique. Remotos, porque desde el primer día, cuándo Chile fue declarado República en la batalla final de Maipú. La Batalla de Maipú fue un enfrentamiento armado que tuvo lugar el 5 de abril de 1818, en el valle del Maipo, cercano a Santiago de Chile, entre las fuerzas patriotas revolucionarias conformadas por argentinos y chilenos contra los realistas, el cual decidió en gran parte la independencia del Cono Sur. Fue así que Chile quedó libre, finalmente. Mis fuentes son mis estudios de la Historia de Chile, los autores citados antes y los libros de mi Profesor de Historia Constitucional, Jaime Eyzaguirre, analizado en otros ensayos míos.

Chile no tuvo paz, por los debates políticos, la disputa por la protección del pueblo, que votaba por quién estuviera más con ellos y los desencuentros de los varios partidos políticos que querían ganar el poder. Como he dicho antes, había varios partidos, siendo los pelucones o pro monarquía, y los pipiolos, o pro pueblo, los que más competían como refiere Benjamín Vicuña Mackena en su   abundante obra sobre la historia de Chile. Para este texto, la que más interesa es: El álbum de la gloria de Chile. Homenaje al Ejército y Armada de Chile en la memoria de sus más ilustres marinos y soldados muertos por la patria en la Guerra del Pacífico (Tomo I en 1883 y II en 1885), editado el original en la, Volumen I en 1883 e II, en 1885 Imprenta Cervantes el Original, Madrid, durante si destierro, y por la Imprenta Universitaria, en la actualidad). Textos fuente de lo que escribo.

Consta que el Emperador del Brasil, Pedro II de Bragança, liberto de Portugal desde 1824, anunció a Chile que Perú y Bolivia preparaban una guerra contra Chile. Ese Chile que, en los agradecidos días  de Pedro II, tuvo que correr para organizar una escuadra que defendiera el litoral y transportara tropa para el Norte que tenía por límite la Provincia de Antofagasta, salida al mar de la República del Altiplano, y Arica, perteneciente a la República del Perú que en 1819, los ejércitos de Chile al mando del Brigadier Bernardo O’Higgins, y los de Argentina, comandados por el General José de San Martín, ayudaran a libertar. Hechos que no obstaran a una primera guerra en 1939, entre Perú y Bolivia, que O´Higgins sin mando no podía evitar, y su sucesor, el General Ramón Freire, supo luchar y ganar.

Chile vivía de las ventas del Nitrato de Chile para los países europeos. Minas que quedaban en la provincia chilena de Arica, ciudad limítrofe con los países del Norte mencionados, que querían esa entrada de oro, para ellos. El Almirante de la pequeña Armada Chilena, el Almirante Manuel Blanco Encalada, libertador de Chile, quién ganara la primera guerra contra el Perú y Bolivia, o Confederación Perú-Boliviana, y mandó a correr sus escasos botes, que denominaban barcos, para defender las minas desde el Puerto de Iquique. La suerte fue que los chilenos, advertidos por Pedro II, supieron llegar antes que el ejército de las Repúblicas autónomas del Perú y Bolivia. El Presidente de Chile, Aníbal Pinto, solicitó poderes especiales, para orientar la guerra, al Congreso de Chile. Mandó al Almirante Blanco Encalada a correr en la Corbeta, irónicamente adquirida durante la guerra contra la Confederación mencionada, para defender el Puerto de Iquique, puerto de entrada para las minas si eran atacados por el mar, como ya sabían los chilenos gracias a Pedro de Bragança. Blanco Encalada, de cuyo tetra nieto soy padrino, no tenía mucha experiencia en batallas marítimas. Mandó llamar al Capitán de Corbeta Arturo Prat Chacón, y le ordenó que defendiera con dientes y uñas la entrada de los peruanos en Iquique. Agustín Arturo Prat Chacón (Hacienda San Agustín de Puñual, Ninhue, Chile, 3 de abril de 1848, – Iquique,[1] 21 de mayo de 1879) marino, militar y abogado chileno. Es considerado en Chile como su máximo héroe naval. Hijo de Agustín Prat del Barril y Rosario Chacón Barrios.[2]

Participó durante la Guerra contra España (1865-1871) en varias batallas navales importantes, incluyendo el Combate Naval de Papudo en 1865, en el cual fue capturada la goleta Covadonga.

Durante la Guerra del Pacífico comandó la Esmeralda en el Combate Naval de Iquique .

Lo acompañaba su segundo oficial, Ignacio Serrano Montaner, tío bisabuelo de mis hijas, por parte de su madre, mi mujer. Gloria González Castillo, en consecuencia, tío de mi suegra Amanda Ester Castillo Serrano.

Ignacio Serrano Montaner (*Melipilla, Chile, 1846 – † a bordo del monitor Huáscar en Iquique, Perú, 21 de mayo de 1879), marino chileno. Hermano de Ramón Serrano Montaner.

Ignacio Serrano realizó sus primeros estudios en el Instituto Nacional. Sin embargo, en mayo de 1865, huyó de su casa para enrolarse en la armada de Chile cuando estalló la guerra Hispano-Sudamericana. En la Escuela Naval conoció a Arturo Prat Chacón, con quien cultivó una profunda amistad. En 1870, se desempeña como ayudante de la Escuela Naval, a bordo de la corbeta Esmeralda.

En 1879, mientras se desempeñaba como Gobernador Marítimo en Tomé, estalló la guerra del Pacífico. Primero se le asignó a la cañonera Covadonga, pero con motivo del bloqueo de Iquique, es trasladado por orden de Prat a la Esmeralda, siendo asignado como teniente segundo. Se le encarga la misión de dirigir los cañones de babor de la nave.

A las 8.00 horas, el vigía de cofa de la Covadonga avistó los buques peruanos Huáscar e Independencia, los cuales se trabaron combate con las naves chilenas.

Después de una hora de lucha, el monitor Huáscar, comandado por Miguel Grau Seminario, embistió con el espolón a la Esmeralda. Aprovechando la cercanía de los dos barcos, el comandante Prat y el sargento Juan de Dios Aldea se lanzaron al abordaje, siendo fulminados ambos en la cubierta del monitor peruano.

Poco después, hubo un segundo espolonazo. Siguiendo el ejemplo de Prat, Serrano y otros diez hombres abordaron el Huáscar, siendo todos abatidos por las descargas de la ametralladora Gatling del monitor. Serrano fue herido en su zona genital, siendo posteriormente retirado de la cubierta y llevado a la sala hospital del monitor. A las 12.10, Después de un tercer espolonazo, la Esmeralda es finalmente hundida. El teniente Serrano falleció a bordo del Huáscar un poco más tarde, tras intentar incendiar con una vela el camarote donde era atendido. El ciudadano español Eduardo Llanos procedió a sepultarlos en el cementerio de Iquique, el 22 de mayo de 1879.

El 21 de mayo de 1888, él y los héroes de Iquique fueron trasladados a Valparaíso a bordo del monitor Huáscar, siendo sepultado en la cripta del Monumento a los Héroes de Iquique, en Valparaíso, Monumento que exhibo en la imagen que da entrada a éste texto.

Fue una familia de  las fuerzas armadas chilenas. El marido de la sobrina de Ignacio Serrano, casó con un oficial del ejército, que pasó a ser Comodoro del Aire al ayudar a fundar la Fuerza Aérea de Chile, acabando como General de esa rama del Ejército chileno.

Nuestras memorias de familia, los diarios de vida y los libros de Historia de Chile, relatan que el acorazado Huáscar era hecho de fierro, imposible de resistir. Ignacio Serranos abandonó la Covadonga con sus compañeros de armas, se juntó a Arturo Prat, y, a la segunda embestida del Huáscar contra la Esmeralda, Arturo Prat vio la causa perdida y pensó lo que dijo:  la batalla está perdida, vamos a morir, pero por lo menos, muramos como héroes y gritó: vamos a atacar al Huáscar, el que sea valiente que me siga. La batalla había durado horas, los dos oficiales sabían defender su Patria y compañeros de arma. Como digo antes, fueron acribillados de balazos, murieron todos. Quedaron viudas y huérfanos del Capitán y del oficial.

Conmovido, el Almirante Grau los recogió, los envolvió en Banderas chilenas, los mandó velar como oficiales y soldados, con compañía de honra y los devolvió al Gobierno Chileno. O así dicen nuestros diarios y memoria, porque la sobrina Amanda Ester, si estuviera viva, tendrías la imposible edad de  111 años!

El Almirante Grau, admirado por la valentía de los chilenos, envió una carta personal a la viuda de Arturo Prat, guardad primero en familia, y entregada después al espolio de la Biblioteca Nacional, en donde se guarda en un sitio especial, a la sombra y con vidrios que no dejan entrar la luz del día, que destruye documentos.

Fuente: Vicuña, Bernardo (1879). Biografía completa de Arturo Prat. Valparaíso: Imprenta del Mercurio. 2 v.

Carta del Almirante Miguel Grau para D. Carmela Carvajal de Prat:

Desde Pisagua, con fecha 2 de junio de 1879, Grau envió la siguiente carta a la viuda de Prat:
“Dignísima señora: Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siente profundamente esta carta, por las luchas que va a remontar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique entre naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de un temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán, indudablemente, de algún pequeño consuelo en medio de su desgracia y por ello me he anticipado a remitírselas. Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respeto con que me suscribo de usted, señora, afectísimo y seguro servidor. Miguel Grau”.

Entre los objetos enviados a la viuda se Prat, se encontraban: una espada, un anillo de oro de matrimonio, un par de gemelos, botones, fotografías, un escapulario y una carta sin abrir.

En la respuesta a la carta, la viuda de Prat le dice a Grau:

“Recibí su fina y estimada carta… en ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted a acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo; y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo; prendas para mí de un valor inestimable… consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre. Al proferir la palabra martirio no crea usted señor, que sea mi intento de inculpar al jefe del Huáscar la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que (usted)… tiene el raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semente (como usted, Grau), un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón… Carmela Carvajal de Prat”.

Alegoria compuesta para honrar a Arturo Prat y su condusca heroica hasta la muerte

Comments

  1. Interessantíssimo. Na Europa, desconhecemos quase totalmente o processo do surgimento das novas nações sul-americanos, excluindo o Brasil, por razões óbvias. Contudo, o que se torna de imediato num factor comum aos novos Estados, é a inimizade entre vizinhos e isso parece perdurar até hoje. A rivalidade Chile-Argentina ou Colômbia-Venezuela é um exemplo.

  2. Raul Iturra says:

    Caro Nuno,
    Obrigado por ter lido o texto. As fontes são as citada, mas diários de família e o que a sobrinha do herói me contava, a minha sogra D. Amanda Castillo Serrano de González Nolle de Montjeville, e o meu sogro, o General da Força Aérea, Raoul.
    As antigas Colónias ainda lutam entre elas, pelo que Hugo Chaves e Lula da Silva tentam apaziguar às almas… O que o Nuno não reparou, foi na amizade entre o Chile e o Brasil, nas pessoas do Imperador de Pedro II de Bragança e o nosso Presidente, Aníbal Pinto. É natural que os chilenos viagem ao Brasil, bem como natural receber pessoas nos infindáveis Golpes de Estado. Antes d ir estudar e morar na Grã-Bretanha, recebi a Paulo Freire, amigo da alma, que empreguei no Instituto de Ciências Sociais de América Latina, sedeado em Santiago e eu dirigia. Foi ele quem me convencera de mudar de Advogado para Antropólogo, com especialidade em Etnopsicologia da Infância; bem como recebi a Paulo de Tarso e outros, para procurar empregos adequados.
    Se não tiver sido pelo Imperador, teríamos perdido a guerra. A mensagem foi passada em segredo para Aníbal Pinto, quem assim teve tempo de organizar novas Forças Armadas. No Chile há um monumento dedicado a ele, como o amigo que nos salvara de um desastre…Abraço
    Raúl

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