Yo, Maria del Totoral-3



a casa de adobe en la que María del Totoral no queróa vivir: símbolo de pobreza

El fundo Las Viñas del Totoral era un castigo. Me fui. Vivía en una casa pobre, una casa triste, sucia, como nos correspondía: éramos jornaleros, no teníamos bienes en ese tiempo donde vivíamos como jornaleros. No éramos pagos en dinero, pero si en los productos descritos más arriba. Recuerdo ver los días viernes, la fila de hombres a pagar lo que debían en productos enlatados, a la cooperativa del propietario. Salían más pobres de lo que habían entrado. La salvación de estos jornaleros para obtener dinero en moneda, eran los productos trabajados por la familia que quedaba en las tierras de las casas cedidas por los patrones, casa y huertas cedidas con ese propósito: la familia se dividía, el padre era trabajador, puerta afuera de la casa, a voluntad del propietario, toda la semana y el día entero, en cuanto la mujer y los hijos eran jornaleros de sí mismos. El producto era llevado a las ferias cercanas, para trocarlo en moneda con los

conchenchos[1], productos trabajados por la familia que quedaba en casa, para el uso o las compras y ventas que, entre los vecinos de las varias aldeas, eran efectuadas. Quedaban en casa con ese propósito. Otra parte quedaba para el intercambio y era ese el que era llevado a las ferias cercanas, a tratar con los dichos conchenchos.

Claro que dejé a mis padres y familia. Mi padre tenía un trabajo importante: “a él [le tocaba] la parte de hacer el vino, lo que daba un cierto prestigio entre los iguales: era una sabiduría especializada, que otros no tenían. [y] el bodeguero era el que [en] cada cierta fechas  tenia que revolver las mezclas. Yo también lo recuerdo lavando unas tremendas cosas grandes, unos fudres”[2]. María de Botalcura estaba disgustada por la situación económica y social de su familia, especialmente de su grupo doméstico, de sus familiares, vecinos y amigos: en especial de sus parientes consanguíneos, los de Botalcura del Totoral. Vivió ahí una aventura a los cincos años, que la marcó emotiva y sicológicamente para el resto de su vida. Hizo de ella una pequeña prostituta, sin que ella sen enterara de ello: no tenia noción de la intimidad sexual di del deseo erótico. Como veremos en la historia de la dicha aventura que sufrió a los cinco años.

Este parece ser el contexto de la vida de María Cecilia, desde pequeña, hasta huir de casa y ganar las vidas por sus propios medios. Ella nació en Botalcura, pero su vida se desenvolvió en varios otros sitios, siempre en la Provincia de Talca[3] y en la ciudad de Talca como en las viñas del Totoral,  Sus formas de pensar, actuar, recordar, nos hace pensar que la terapeuta que trató del caso del pequeño Richard, que ella no conoció, pero su terapeuta sabia y comparaba. Comparaba el caso de María Cecilia con el de Richard ella y ayudó a Richard a vivir con alegría sus cinco años y a María Cecilia, en sus 39, a entender la Historia del Universo[4]. Los dos tienen una actitud semejante, denominada por Klein posición paranoide y transferencia. La Posición Paranoide define una situación persecutoria – es el caso de María Cecilia, que vive escondida en el sótano de la caso, en cuanto transfiere su afectividad a un gato y sus pulgas[5]. La transferencia es definida, a partir de las ideas por Freud en (1905) 1952, por su discípula Klein, en su texto traducido al portugués: As orígenes da transferencia[6].

Melanie Klein comenzó a analizar crianzas en 1939, con el pequeño Richard, en Gran Bretaña. El análisis de María Cecilia es semejante al que Havelock Ellis hizo al Indonésico Kimmel en fines del Siglo XIL, e Freud a su hijo muerto a los cinco años. El pequeño Hans (Klein). Literatura necesaria para entender el análisis de María Cecilia

Entiendo bien que hablamos de seres humanos de épocas y sitios geográficos diferentes. Sin embargo, los casos terapéuticos son parecidos Los dos no gustaban de sus padres, especialmente Richard que no conseguía entender a su madre. Como Maria de Botalcura a la de ella. Era un hablar incesante sobre la relaciones entre sus padres[7]. Para entender a María de Botalcura, es necesario saber entender el concepto de Esch Fuente: http://www.psi.uba.ar/carrerasdegrado/psicologia/electivas/inglesa1/edipo_superyo.htm

En el ensayo Envidia y Gratitud (1975) 1985, la autora se refiere a dos a dos conceptos desencontrados, aplicables a María Cecilia y Richard en épocas diferentes. Envidia define el amor que pueda tener un padre o madre por un hijo preferido. Gratitud al agradecimiento de ser amado por esos padres. Envidia es definido en su libro por Klein como:

Colocar impulsos destructivos y partes malas dentro del objeto, con el fin de dañarlo, destruirlo y controlarlo. Identificación proyectiva destructiva, fundamentalmente sobre objetos parciales. Tiene un componente libidinoso menos intenso que la voracidad y está impregnada del instinto de muerte.

Celos:

Se basan en la envidia, comprenden una relación de al menos dos personas y conciernen principalmente el amor que el sujeto siente que le es debido y le ha sido quitado o está en peligro de serlo, por un rival. Son necesariamente una relación de objeto total.

Melanie Klein señala que al comienzo de la vida hay dos fuentes de ansiedad: la interna estaría dada por el instinto de muerte que fundamenta el temor a la aniquilación y la externa, que estaría dada por la experiencia al nacer en forma de la primera castración y sería la base de las angustias posteriores.

La primera relación de objeto que realiza el niño es la alimentación y se realiza con el pezón de la madre, tanto para los instintos de vida como para los de muerte, impulsos que estarían en equilibrio cuando el bebé está libre de hambre y tensión interna. El equilibrio se puede perturbar tanto propulsiones internas como por elementos del medio, desencadenando la avidez.

Cualquier aumento de la avidez fortalece la sensación de frustración y, paralelamente aumenta la intensidad de la agresión, lo que simultáneamente incrementa la ansiedad persecutoria y esta aumenta, a su vez la avidez, formando un círculo cerrado. Por otro lado, a medida que aumenta la gratificación, disminuye la envidia, la disminución de la envidia permite mayor gratificación y esto a su vez, estimula la disminución de la envidia.

Plantea Melanie Klein que la base constitucional de la intensidad de la avidez es provocada por la fuerza de los impulsos destructores en su interacción con los impulsos libidinosos. En algunos casos, la ansiedad persecutoria incrementa la avidez y en otros, produce tempranas inhibiciones de la alimentación.

Las experiencias que tiene el niño de ser alimentado y de ser frustrado, constituyen internamente las imágenes de dos pechos: un pecho vinculado con la frustración, el bueno, y un pecho vinculado con la satisfacción, el malo. Esta división se produce por la inmadurez del yo, la falta de integración del yo y el proceso de división del objeto. A las experiencias de frustración y satisfacción se suman los procesos de introyección y proyección, que contribuyen a hacer más ambivalente la relación de objeto de este modo quedan estructurados los prototipos que forman el núcleo del súper yo.

El yo inmaduro del bebé está expuesto desde el nacimiento a la ansiedad provocada por la innata polaridad de los instintos y cuando se ve enfrentado con la ansiedad que le produce el instinto de muerte, el yo lo reflexiona. Así, la gratificación no sólo satisface la necesidad de bienestar, amor y nutrición; también se la necesita para mantener a raya la aterradora persecución.

De la proyección original del instinto de muerte surge otro mecanismo de defensa, la identificación proyectiva, en la que se escinden y aparan partes del yo y objetos internos y se los proyecta en el objeto externo, que queda entonces poseído y controlado por las partes proyectadas e identificado con ellas.

La ansiedad predominante de la posición esquizoparanoide (0 a 4 meses) es que el objeto u objetos persecutorios se introduzcan en el yo y avasallen aniquilen tanto al objeto como al yo.

Para contrarrestar el nivel de ansiedad, el yo desarrolla varios mecanismos de defensa, donde, en algunas situaciones, se proyecta lo bueno para mantenerlo a salvo de lo que se siente como maldad interna y situaciones en que se introyectan los perseguidoras, hace una identificación con ellos o incluso, recurre a la desintegración del yo, en un intento de controlarlos. Sin embargo, los mecanismos de defensa no sólo protegen al yo de ansiedades inmediatas, sino también tienen funciones de etapas progresivas del desarrollo como la escisión, que constituye la base de la represión y la atención, y la proyección, que posibilita la empatía.

Cuanto menor es la ansiedad persecutoria, la tendencia hacia la división es menor y el yo tiende más hacia la integración. La síntesis de amor y odio hacia un objeto total de origen al comienzo de la posición depresiva alrededor de los cuatro meses.

En la fase depresiva (de los 6 a 8 meses) encontramos: el comienzo de una emoción dolorosa de culpa y necesidad de reparación; que la agresión esta9mitizigada por la libido, de donde la ansiedad persecutoria se encuentra disminuida y que la ansiedad relacionada con el destino del objeto interno y externo que está en peligro lleva al yo a efectuar una reparación e inhibirlos impulsos agresivos. Al mismo tiempo la organización sexual va progresando, los impulsos anales y uretrales aumentan, pero de cualquier modo siguen predominando los orales.

El bebé tolera mejor el instinto de muerte dentro de sí y decrecen sus temores paranoide, disminuyen la escisión y la proyección y gradualmente puede predominar el impulso a la integración del yo y del objeto. La relación ya no es con objetos parciales sino que se transforma en una relación objeto total: reconocer a la madre como tal también significa reconocerla como individuo con una vida propia y con sus propias relaciones con otras personas; el bebé descubre cuán desamparado está, como depende totalmente de ella y cuántos celos le provocan los demás, puede recordar gratificaciones anteriores en momentos en que está siendo frustrado, enfrentándose a conflictos vinculados con la ambivalencia.

El motivo principal de la ansiedad del bebé es que sus impulsos destructivos hayan destruido o lleguen a destruir al objeto amado de quien depende totalmente, lo que aumenta la necesidad de poseer este objeto, guardándolo dentro de sí y protegiéndolo de su propia destructividad. La omnipotencia de los mecanismos de introyección[8] oral hace surgir ansiedad ante la perspectiva que los poderosos impulsos destructivos destruyan no sólo al objeto bueno externo, sino también al objeto bueno introyectado.

La experiencia de la depresión moviliza en el bebé el deseo de reparar a su objeto u objetos destruidos. Como cree que la destrucción de su objeto se debe a sus propios ataques destructivos, cree también que su propio amor y cuidados podrán deshacer los efectos de su agresión

He usado esta larga citación, por que explica el caso de María de Botalcura. Desde muy pequeña sentía una larga distancia con sus hermanas más pequeñas, una intermediación entre sus adultos y sus hermanas. Querría ser la primera, la más mimada, la más buscada, la más pretendida por sus padres y familiares.  Su objeto de cariño era o su padre, o su objeto bueno, mientras su madre era el objeto malo. Desde su nacimiento, dice en su entrevista, no tenía paciencia para darle de mamar. Este es el misterio de la madre de María de Botalcura. Seria el marido de su madre, su padre biológico, o sería un señor alegre y cariñoso que casa con ella cuan la ve grávida. Es también la incógnita de María Cecilia. Su madre, en posición esquizo-paranoide, que por varios motivos que la atormentan, rápidamente le daba de mamar y salía a cuidar su hacienda: decenas de pavos, muchas gallinas, preparar la comida y enojarse con todo el mundo. Su posición frente al mundo, es imitada por su hija: en la vida pública, amable y simpática y bien vestida; su posición en la vida privada, es de soledad, angustia, separación de fa la familia. La madre huye de la familia, alegando que le tiran el tiempo y su tiempo es muy ocupado. Su carácter es amargo y seco y se caracteriza por la angustia que sabe espalar entre los suyos entre los suyos. Como define Klein[9]: La posición kleiniana define la depresión y la posición esquizo-paranoide, como tres conceptos para entrar en el mundo: El seno bueno, el que alimenta y acaricia, permite que la madre sea aceptada como tal; celos, significa que se le está dando lo que le pertenece; envidia, presupone la relación del individuo con una sola persona. La envidia es el sentimiento que presupone la relación del individuo con solo un persona y remonta a la madre arcaica y a su exclusiva relación con la madre.

Esta es la forma de entender la vida de María de Botalcura. No había cariño para ella y si que existía una larga distancia entre su familia[10] y sus sentimientos. Ese ejemplo que he existe entre la hija y el padre, demuestra que el pare le enseña las formas de vida, la relación con el padre, es la forma de demostrarlas formas de gratitud, comparado a la envidia que sentía a con la madre. Podría decirse o afirmarse de una relación esquizoparanoide[11]: esquizo, por causa de la división de la emotividad; paranoide por el temor de ser perseguida por la madre. La relación madre-hija, es la más importante de las emotividades. Si la madre rechaza a la hija o dedica poco de su tiempo a su cuidado, es evidente que la más pequeña. La niña acabó por esconderse de la madre y de la familia de la casa por el temor a los desdenes.

Es posible para María Cecilia decir nací, porque es un hecho Nacer tiene dos aspectos: dar a luz y criar. La parte criar, es el problema del Yo de María de Botalcura, al no le ser posible demostrar la ternura que siente por su madre, porque ésta la rechaza, su madre la rechaza.  El rechazo maternal es el más duro para un ser humano: es el rechazo de quien alimenta, de quien da ternura, de quien da tiempo y conversa y canta y trata de la comida y otros bienes emotivos, como dar el pecho. La mama sirve también para que el bebé juegue después de estar alimentado. Si de la madre sale el alimento, es de la madre que se aprende la ternura y el objetivo del bebé. Es la madre quien defiende los ataques que su hija pueda sufrir, vela por la felicidad y la distracción de la pequeña. Esta madre no tiene tiempo para dar ese cariño a María Cecilia. Relata la niña que a sus 7 años, en un gesto espontáneo va a la cocina donde su madre hacía la comida para todos después del trabajo de la huerta y de los pavos y, consciente del hecho, la rodea por la cintura con los brazos. En cambio, recibe una bofetada y una reprimenda.

Es la forma de organizar  de organizar el terror en el adulto y la cría, de aprender a ser una persona que cotillea y no sabe guardar silencio, que aprende a crear malas relaciones entre ellos.

No afirmo que no existan buenas relaciones, relaciones de simpatía y cariño. Afirmaría, sin ningún temor, que estas son para el público y no para la familia. La familia acepta la distancia, la tristeza, las formas humillantes de tomar partido. Es por esto que ha sido preciso hoy en día, organizar legislación que proteja la desigualdad, ley de protección a las relaciones familiares, vecinales y de amistad.

Me parece que esta es la relación entre pequeños y adultos. Los niños aceptan los castigos y no desafían a sus padres. Es la manera de aprender sumisión, no solo en el hogar, bien como en los comportamientos ciudadanos. Es el pueblo todo de un país que aprende a obedecer y aceptar lo que la ley manda y el Derecho establece, como he referido en otros textos.

En la Grecia de Platón y Aristóteles ser mujer, no era, desde luego, algo deseable. Las mujeres tenían el mismo estatuto social que los esclavos: sin embargo, hoy en día, se puede afirmar que hay distintos tipos de mujeres. No solo María Cecilia, bien como mujeres que acumulan capital y mujeres que trabajan para que otras puedan confrontar a los hombres con los cuales viven, sean capitalistas o aquellas que deben trabajar para subsistir, o porque están solas y con descendencia, o porque no precisan trabajar. Es necesario definir trabajo: es la retribución en dinero por la actividad que se hace, el producto que se crea o la artesanía o profesión que se ejercita. Hoy en día, en Chile, existe una variedad de mujeres que dedica su actividad al cuidado de sus hijos, y otras a sus profesiones. María Cecilia ha sido una madre heterogénea. Su primer embarazo fue una sorpresa y un engaño. Los dos segundos, casi 17 años después, fueron con condiciones. Había avanzado por la educación que el país había dado al pueblo, o a la Nación, me gustaría mejor decir.

Las relaciones entre adultos y crianzas, en el Siglo XIX, era muy diferente a la citada de los griegos y a la del tiempo de María Cecilia. Sin embargo, entre Botalcura y ese Siglo, había semejanzas, como dice el diario El Independiente, de día 16 de febrero de 1872 “Considerada bajo el aspecto puramente económico, dice La Patria, la posición de la mujer en Chile está muy lejos del punto adonde han llegado otros países más adelantados que el nuestro y muy lejos, también, del punto que indican los inte­reses de la sociedad y de la industria y los del mismo sexo femenino.

He aquí una verdad que la prensa, el diario chileno La Patria ha consignado en varias ocasiones y que es oportuno y útil recordar hoy nuevamente. Ya en estas mismas columnas hemos indicado algunos medios que nos parecían eficaces para hacer menos difícil la posición de la mujer en nuestro país, y es verdaderamente sensible que se haya hecho y aún intentado muy poco en este sentido.

Y, sin embargo, hay en el abandono en que dejan a la mujer, el germen de gravísimos males sociales y aún la causa de muchas dificultades económicas. La indiferencia con que se mira su situación, el poco interés que nos inspira su suerte es, pues, de todo punto injustificable.

Fue lo que sufrió y vivió María de Botalcura, como tantas niñas y niños, no solo en Chile, bien como en otros sitios del mundo. Donde son más mal tratado, es en Bélgica, como Estado. De resto, depende de la clase social a la que se pertenezca, del cariño que los niños recibieron de sus padres, será transmitido con dulzura, no como obligación, pero con cariño sin fin, a sus hijos. Lo veo en mis nietos, como sus padres no solo los acarician con las manos, sino también con regalos, vacaciones, ejercicios para desenvolver la fuerza física y tienen el mayor cuidado en escoger y aceptar a sus amigos.

Nada de esto tubo María de Botalcura, fue una madre lamentable en su primer embarazo, para pasar a ser una madre dulce y cuidadosa con sus hijas, diecisiete años después, cuando ella propia era adulta, esa estabilidad que apareció en ella a sus treinta y nueve años.

Vamos al próximo capítulo


[1] Conchencho, adjetivo del idioma Mapudungun, lengua de la Nación Mapuche que habita en Chile, designa un intermediario que compra los productos a los jornaleros que, por no saber leer, escribir y calcular, acababan por aceptar los que les é ofrecido por sus productos. También había amenazas por parte de esos intermediarlos que ganaban por el miedo de los habitantes rurales. Retirado de mi libro escrito en 1972: El paro de los conchenchos, editado por el CEAC, Centro de Estudios Agrarios y Campesinos, creado por varios de nosotros, cientistas sociales, en la Universidad Católica de Chile. Fue fundado en mi visita a Chile, enviado por mi Catedrático de la Universidad de Cambridge, para observar los cambios sociales, económicos y políticos que este primer gobierno socialista de América Latina, podría traer en Chile, durante el Gobierno de Allende y su coalición de partidos de izquierda, denominada la Unidad Popular. Coalición formada por partidos de izquierda y divisiones de partidos de Centro, que habían creado nuevas organizaciones políticas, basadas en las ideas socialistas llevadas a Chile pelo Presidente Allende. Gobernar este conjunto, era más difícil que Gobernar el País y el Presidente no conseguía comprender las diferencias entre los varios grupos socialistas y comunistas, que no lo oían, para cambiar el país de formas Liberales de Gobierno, para formas de Socialismo Democrático. Los jornaleros, por los que Allende se batía, eran los descendientes de los mestizos, hoy chilenos, perteneciendo a las etnias de origen y gobernadas míticamente por la Quintrala y su familia, y por los conquistadores de la Corona de España, hoy en día la raza de su pueblo de origen, de colonizador y con nacionalidad chilena desde 1829, Decretada por el Libertador y Director Supremo de las Nación, el General Bernardo O´Higgins, en la ciudad de Talca

Esta era el pueblo llamado a ser gobernado por la coligación, pero dividido entre apoyos extranjeros para recuperar riquezas confiscadas por el llamado Gobierno del Pueblo. Éste no duró mucho tiempo y dos años después de su elección, un golpe de Estado liderado por las Fuerzas Armadas chilenas, acabó con el objetivo socialista. Programa político que ya existía en la época de la juventud de María de Botalcura, pero su interés era más familiar, de libido y de poder huir de la falta de afectividad familiar o abandono, especialmente de la madre, como hemos referido. Su otra preocupación, era, el sitio que vivían, feo, pobre, como narré antes. Por lo cual se mudaran del Totoral para Botalcura.

[2] La entrevistada debe querer decir “fudres” o artefactos para tratar el vino, especialmente el denominado de Porto. Sin embargo, esta máquina en Chile é denominada “fudre”. Normalmente, o Castellano da América Latina tiene muchas palabras mestizas, del Siglo XVI Castellano y de une forma de hablar propia, no relacionada con la Península Ibérica actual. Para saber más, investigar en website: http://www.google.pt/search?hl=pt-BR&q=fudres+vino&btnG=Pesquisar .    

[3] Talca es la forma Castellana de pronunciar la palabra Mapudungun, Tralca, que significa trueno.

[4] Melanie Klein comenzó a analizar crianzas en 1939, con el pequeño Richard en Gran Bretaña, publicado en Brasilero en el Melanie Klein Trust de 1966, y en Imago, 1994, Río de Janeiro. El análisis de María Cecilia es semejante al que Havelock Ellis hizo al Indonésico Kimmel en fines del Siglo XIL e Freud a su hijo muerto a los cinco años, El pequeño Hans (Klein, 1940). Literatura necesaria para entender el análisis de María Cecilia.

[5] Klein, 1946, “Notas sobre algunos mecanismos esquizoide”, página 21, volumen III.  http://scholar.google.com/scholar?q=Melanie%20Klein%20Richard%20family%20name&hl=pt-BR&lr=&oi=scholart.

[6] Freud, (1895) b, 1952, “As origens da transferência”, página 71, volumen III, Imago, Qué son transferencias? Son nuevas ediciones o facsímiles dos impulsos e fantasías que son despertados e tornados conscientes durante la duración de la análisis. Poseen, sin embargo, una peculiaridad, característica de su especie: substituyen una persona anterior por la persona del médico. Por otras palabras, toda una serie de experiencias psicológicas es revivida, no como algo que pertenece al pasado, pero que se aplica al médico en el momento presente” Citación de Klein, mi traducción “Me preocupan solo las manifestaciones del pasado”     http://scholar.google.com/scholar?q=Melanie%20Klein%20Richard%20family%20name&hl=pt-BR&lr=&oi=scholart

Y que dice  en extenso : La posición depresiva (1)

Por Deborah Fleischer

Para Klein la posición depresiva constituye un “progreso” en relación a la posición esquizoparanoide, si bien ambas posiciones pueden alternarse y aún coexistir en algunas circunstancias.

1) la ansiedad aquí es depresiva

2) el objeto es total y se siente ambivalencia por él

3) el yo termina de constituirse

4) las defensas son las mismas pero en tanto defienden al yo de la angustia depresiva devienen defensas maniacas

5) el temor en este caso es haber dañado al objeto y la ansiedad depresiva va acompañada de culpa por ese daño imaginario al objeto.

6) El sujeto percibe sus impulsos destructivos dirigidos al objeto, el objeto se integra y es amado y odiado al mismo tiempo. Su consecuencia, como indiqué anteriormente, es la ambivalencia; es el amor y el odio no ya hacia objetos distintos (pecho bueno o pecho malo), sino hacia el mismo objeto.

Esta integración de objeto permite una mayor integración del yo. El objeto unificado tanto vivido como dañado. Sigue habiendo disociación entre un objeto total vivo y otro total dañado y moribundo.

La culpa devendrá duelo y la culpa llevará al concepto de reparación. Esta reparación permitiría creer en la posibilidad de la cura por el amor, pero se ve en los casos clínicos que Klein nos presenta, como esa reparación es siempre fallida.

La reparación forma parte de la posibilidad de sublimar y será lo que mantenga a raya la depresión. El duelo podría ser una forma de teorizar en Klein el tema del objeto perdido freudiano, que se transformará en un objeto que es necesario perder. Este duelo permitirá la identificación renovando la posibilidad de renovar los lazos con el mundo externo.

Así como para Freud en la melancolía la sombra del objeto cayó sobre el yo, constituyéndose en algo inasimilable que permite explicar el suicidio melancólico, en tanto no se trata de matarse sino de destruir a esto inasimilablemente otro que hay en el yo, en Klein esta “sombra” siempre está en el yo. Así Klein dirá: “solo si el objeto ha sido amado como un todo, su pérdida puede ser sentida como total.” La pérdida del objeto conlleva la pérdida del yo y de ahí el carácter abrumador que tiene esta perdida.

En su artículo El duelo en su relación con los estados maníaco depresivos, dirá Klein: mi experiencia me ha llevado a la conclusión de que, si bien es cierto que el rasgo normal del duelo es el establecimiento por parte del individuo del objeto amado y perdido dentro de sí, no está haciéndolo por primera vez, sino que a través del trabajo de duelo está reinstalando ese objeto así como todos sus objetos internos amados que siente haber perdido. Cada duelo reactiva las antiguas ansiedades por los objetos dañados o destruidos. El duelo es una repetición de lo vivido en la posición depresiva.

Si esta posición depresiva fue bien elaborada en su momento, los duelos posteriores serán exitosos. El complejo de Edipo permite que los objetos parciales desempeñen su papel mientras se establece la relación con los objetos totales. Por eso puede haber, como se señalará después, envidia hacia los objetos parciales, coexistiendo con la elaboración de la posición depresiva, que es la de constituir los objetos como totales.

Es alejar el interés del pecho materno más que alejarse de la madre, lo que incrementará la posibilidad de simbolizar y sublimar.

La represión que sucederá a la escisión no conlleva el peligro de desintegración que si tiene la escisión.

Dirá Klein en Algunas conclusiones sobre la vida emocional del lactante: En la medida en que durante los tres o cuatro primeros meses de vida fue capaz de incorporar y establecer dentro de sí el objeto bueno que forma el núcleo del yo. Si este proceso fue exitoso- lo que implica que la ansiedad persecutoria y los procesos de escisión no son excesivos y que cierto grado de integración ha sido logrado- el yo puede introjectar y establecer el objeto total y atravesar la posición depresiva.”

En Envidia y gratitud (1946), 1991 escribirá: Si el objeto bueno se halla profundamente arraigado, la disociación es distinta y se produce la integración del yo y la síntesis de los objetos. Se mitigara así el odio por el amor y se establecerá la identificación con el objeto bueno total

Al hablar de envidia primaria, en tanto se envidia al objeto bueno, hay algo que la envidia hace fracasar como se constata en los momentos de mejoría del paciente cuando surge un agravamiento que Klein adjudicará a la reacción terapéutica negativa, intento de postergar la cura, uno de los obstáculos a la cura que Freud ya describió en 1923 en El yo y el ello. Esto se debe a que las buenas interpretaciones del analista son equiparadas a un buen alimento, proveniente del pecho bueno. Se envidiará dirá Klein la capacidad del analista de interpretar y esto producirá detenciones en la cura. La crítica destructiva, ligada a la transferencia negativa será particularmente evidente en pacientes paranoicos o cerca de esa dolencia, como paranoide. . Es evidente que como lo afirma Klein el pecho no es un objeto físico sino que confluyen en él la totalidad de los deseos y fantasías inconscientes que le infunden cualidades que van mucho más allá del alimento, y aún metafóricamente de la interpretación que proporciona.

Vemos entonces surgir resistencia equivalente a las que Freud describe en relación a las resistencias del Ello y del Superyó Se denomina Superyó a una de las Instancias de la personalidad. Fue descrita por Freud en su segunda teoría del aparato psíquico. Según Freud, la formación del superyó es correlativa de la declinación del Complejo de Edipo: el niño renunciando a la satisfacción de sus deseos edipianos marcados por la prohibición, transforma su catexix sobre los padres en identificación con los padres, interioriza la prohibición. La renuncia de los deseos de Edipo o edípicos amorosos y hostiles (Edipo Completo) se encuentran en el origen de la formación del superyó, el cual se enriquece, según Freud por las aportaciones ulteriores de las exigencias sociales y culturales.

“El superyó del niño no se forma a imagen de los padres sino más bien a imagen del superyó de éstos; la llena del mismo contenido, se convierte en el representante de la tradición, de todos los juicios de valor, que de este modo persisten a través de las generaciones”

Su función es comparable a la de un juez o censor con respecto al yo. Freud considera la conciencia moral,  la auto observación, la formación de ideales, como funciones del superyó. Se forma en la fase Edipiana, por la introjección de las normas paternas. Clásicamente el Superyó se define como el heredero del Complejo de Edipo; se forma por interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales.

Freud hace resaltar que la función crítica así designada constituye una instancia que se ha separado del yo y parece dominar a éste, como muestran los estados de duelo patológico o de melancolía, en los que el sujeto se critica y menosprecia: “Vemos cómo una parte del yo se opone a la otra. la juzga en forma crítica y, por así decirlo, lo toma como objeto” en la Addenda de Inhibición, síntoma y angustia.

Esta envidia que se dirige al pecho bueno, convirtiéndolo entonces, en persecutorio, hará poner en cuestión las posiciones kleinianas a partir de 1957. No desarrollaré este tema. Simplemente la nombró por que es una de las formas de te matizar el fracaso con el “buen encuentro” y “la cura por el amor” en la obra Kleiniana

La envidia, la voracidad, los celos son distintas maneras de nombrar la dificultad de este buen encuentro y como dije están absolutamente referidas a la pulsión de muerte. La envidia esta en relación al pecho bueno, busca robar los contenidos maternos y colocar especialmente en su pecho excrementos y partes malas del yo a fin de dañarla y destruirla mediante la identificación proyectiva. La voracidad es un deseo vehemente, impetuoso e insaciable que excede lo que el sujeto necesita y lo que el objeto es capaz y esta dispuesto a dar. Se trata del deseo de vaciar es decir predomina la introyección destructiva. Los celos a diferencia de lo que plantea Freud incluyen tres personas, mientras que la envidia es en relación a un objeto, cuyo estatuto llevo a Eric Laurent a hablar de lapsos del acto, justamente por la dificultad de su instrumentación en la práctica kleiniana

La ilusión de Melanie Klein de lograr una cura por el amor, encuentra como he señalado a o largo de estos dos textos, permanentes obstáculos. El núcleo sádico del superyó, el fracaso de la reparación, la pulsión de muerte, omnipresente y cumpliendo una función de descompletar a la omnipotente madre kleiniana y finalmente la envidia primaria, son las piedras que la hacen tropezar. Su mito del goce continuo de la pareja combinada, requiere de la torsión que dé en 1957, para que el punto de lo no interpretable, de lo incurable, haga que, pese a la ausencia del padre que hay en su teoría, se acerque a lo que Laca formuló años después: un más allá del padre.

Quiero destacar por último, algo que ocurrió con la obra de Melania Klein. Sus discípulos jerarquizaron fundamentalmente las posiciones, con lo cual lo que se conoce como kleinismo, por lo menos en Argentina, es esa parte de su teoría, mientras que la pulsión de muerte fue segregada. Esa segregación tuvo consecuencias importantes en el psicoanálisis de los analistas de la A.P.A. Un retorno a la cura por el amor.

(1) Fragmento del texto: Primeros estadios del conflicto de Edipo y de la formación del Superyó. Publicado en el libro Incidencias del psicoanálisis. Entre el saber textual y la clínica. Editorial Anáfora, 1994, Buenos Aires

Fuente:  http://www.psi.uba.ar/carrerasdegrado/psicologia/electivas/inglesa1/edipo_superyo.htm

Otros trabajos de la autora:

[7] Klein, Melanie (1939) 1957: Inveja e Gratitude, Imago, Rio de Janeiro. Richard era pariente consanguíneo de Melanie Klein y tenía la edad de 10 años cuando lo conoció. María Cecilia, 5 años cuando entra en nuestra historia.

[8] Klein, Melanie, obre citada, página 228, volumen III, Imago, Rio de Janeiro. Página web    http://www.ilustrados.com/publicaciones/EpyplZZyVyLslQAELf.php#ENVIDIA.

[9] Klein, Melanie, 1957, ya citado.

[10] Website para estos hechos:  http://www.google.pt/search?hl=pt-BR&q=Klein+Envidia+y+gratitud&btnG=Pesquisa+Google.

[11] esquizoparanoica: Soy mordedora compulsiva esquizoparanoica con momentos sicóticos y toques rabiosos, me encabrona que me hablen con gafas de sol (entre otras cosas): Puede acceder a estas ideas  en la página web http://www.google.pt/search?hl=pt-BR&q=esquizoparanoica&btnG=Pesquisar.

http://www.youtube.com/results?search_query=Felix%20Mendelssohn%20Can%C3%A7%C3%A3o%20sem%20palavras&search=Search&sa=X&oi=spell&resnum=0&spell=1

F.Mendelssohn Canções sem Palavras Op.102 nr.4 by Gilvan Gou

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