Josep Anton Vidal – Comentário sobre «A propósito do Iberismo», de Carlos Loures*

Nota: A propósito do «post» de Carlos Loures acerca do Iberismo (aqui e aqui), recebemos um comentário de Josep Anton Vidal que passamos a publicar. Pedagogo e editor, Josep Anton Vidal não é um activista exaltado, mas apenas um homem que ama o seu país, a Catalunha, e que não gosta de o ver aculturado e submetido ao estado espanhol e à sua Monarquia.
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Para decirlo rápida y llanamente: España es un mal compañero de viaje para cualquier proyecto de integración en cualquier ámbito cultural, y está esencialmente incapacitada, no ya para liderar, sino incluso para participar en un proyecto serio de iberismo. Los versos de Machado no son un tópico, sino una cruda realidad aún hoy: Castilla miserable, ayer dominadora,/ envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora. Machado habla de Castilla, cierto, pero es, en el imaginario de su generación, el referente de España, y por mucho que hable de “dos Españas”, cuando se trata de reconocerse a sí misma como pluralidad -auténtica pluralidad, en plano de igualdad entre las distintas partes de su diversidad- siempre están de acuerdo las dos Españas de que nos habla: la que muere y la que bosteza, y siempre una de ambas, como dice el poeta, “ha de helarte el corazón”.

Una emisora de radio afecta a los postulados del PP i de los sectores ideológicos del españolismo (Intereconomía.es) comentaba ayer (5 de julio) en su espacio informativo, que el gobierno de Aragón ha elaborado una ley de lenguas para la Comunidad Autónoma de Aragón, y como quiera que el territorio comprende una franja limítrofe con Cataluña y de habla catalana, dicha ley contempla dar presencia al catalán en la escuela en ese territorio: el comentarista decía que “Aragón ha claudicado ante las turbias maniobras del nacionalismo imperialista catalán” para impedir que los niños aragoneses hablen castellano. Hasta aquí, la anécdota; pero añadía: “En un territorio donde el 100 % de la población habla castellano y sólo un 5 % hablan también otras lenguas, entre las cuales alguna tiene afinidades con el catalán…” e insistía en la suposición de maniobras políticas imperialistas, proponiendo la tesis de que el presidente de la Comunidad aragonesa -que precisamente es hijo de la zona aragonesa de habla catalana- está subordinado a los intereses de la Generalitat de Cataluña.

Ese es el pan nuestro de cada día: tergiversación, desinformación y condena de la singularidad, de todo cuanto no sea acatamiento a patrones del nacionalismo español más rancio y excluyente. No entienden que pudiendo hablar español alguien prefiera hablar otra lengua (aunque sea la propia, porque fíjate en la frase, que refleja una manera de sentir y un estado de opinión -y de ignorancia- del nacionalismo español, del que participan prácticamente todas las fuerzas políticas independientemente de que sean derechas o izquierdas: “el 100 % hablan español y sólo un 5 %…”, és decir, ese 5 % es claramente excedentario, una anomalía que queda fuera de la realidad.

En las Cortes españolas, la cámara baja (el Senado) ha accedido recientemente a una sesión en la que se han podido usar las distintas lenguas autonómicas… Pues bien, han contratado un intérprete de catalán y otro de valenciano, es decir, el máximo organismo de expresión política i democrática del Estado ha actuado de facto tratando catalán y valenciano como lenguas distintas… Aunque sea una aberración desde cualquier punto de vista científico e incluso desde el sentido común y aunque no habrían aceptado nunca un cisma similar para el castellano, por muy grandes que fueran las diferencias dialectales entre el castellano de los distintos territorios. Si se tratara del castellano de León y el castellano de Jaen se habría producido un escándalo mayúsculo. Pero, tratándose de la “diferencia”, de la “singularidad” o de cualquier otra identidad que la española, les importa un rábano la racionalidad y el sentido común, la ciencia y la realidad; sólo cuenta el divide y vencerás y la imposición de un punto de vista único, de una manera de ser y de estar única, de un nacionalismo exacerbado que es excluyente en el 50 % de los casos e incluyente en el otro 50%; y te aseguro que no sé cuál de los dos es peor.

Salvador Cardús, sociólogo y escritor, que publica semanalmente un artículo en el diaria Avui, escribía esto el pasado día 3 (traduzco del catalán):

“Si España no tiene solución, si España no quiere otra solución, ¿por qué no aceptamos que la única salida que depende estrictamente de nosotros, la que no pasa por pedir permiso a nadie más, es la de la independencia? De modo sorprendente, los argumentos contra la independencia son del tipo: ‘La independica no puede ser, y además es imposible’. Quiero decir que quienes argumenta en contra son los que la hacen imposible. No soy tan estúpido para infravalorar las dificultades del proceso, claro está. Pero si me ponen ante la alternativa de una imposibilidad históricamente contrastada -el encaje en España- y una imposibilidad por contrastar, me inclino por la segunda vía”.

Participo de ese ideal de integración que llamamos iberismo. Lo rastreé hace ya años en la correspondencia de Maragall y Unamuno, y lo he asumido por origen: soy catalán, mi padre era gallego, mi madre aragonesa, con ramificaciones familiares valencianas y catalanas… Pero, creo que el Iberismo no ha supeado las fases coyunturales de sus diversos momentos, que tú describes muy bien en tu artículo: la construcción del ideario federalista en un contexto utòpico, de creación de una nueva sociedad, libre de las ataduras de la historia o de la herencia del pasado; el ideario regeneracionista de la generación del 98 (cuando se sueña con la reconstrucción de una entidad nacional potente y fuerte, orgullosa de sí misma, después del desastre colonial)…, y así hasta el idealismo humanista de Saramago y, con perdón, lo que me parecen ingenuidades irreflexivas de Pérez Reverte.

¿Por qué Reverte habla de los Pirineos y del estrecho de Gibraltar? Cuando habla así se permite una más de sus ligerezas: ¿Por dónde traza la frontera de los Pirineos? Porque Cataluña es un país a caballo de los Pirineos… La monarquía española no tuvo reparo en seccionar nuestro país y entregar a Francia las tierras de la vertiente norte, pero Catalunña ha conservado el sentimiento de identidad y no ha renunciado a ser, no ha renunciado a su vocación de futuro, y se afirma en su lengua, en su cultura, en su estilo de vida…, pero también en sus recursos económicos, en su dinamismo social, en su situación estratégica en Europa, en el Mediterráneo.. Date cuenta de que Pérez Reverte al hablar de los Pirineos los despoja de entidad: sólo le sirven para delimitar el centro, y ocurre lo mismo con el estrecho de Gibraltar; no parece verlos como entidades propias, sino como límites de su propia perspectiva. Ese iberismo es inconsistente, por ignorante… (Otra vez: desprecia cuanto ignora). Pero lo más grave de esta ignorancia de España es que se desconoce a sí misma, y ratifica constantemente su ignorancia con los hechos. Naturalmente que al pasar de España a Portugal se tiene la percepción de continuidad, de territorio continuo, no sólo geográfico, sino también idiosincrásico y cultural; compartimos una visión del mundo… Ese mismo sentimiento lo tenemos los catalanes al pasar de Cataluña a Francia y, especialmente, al saltar a Sicilia… A Italia en general. Y lo tenemos también al adentrarnos en la península, como lo ha demostrado suficientemente la historia pese a las muestras frecuentes de hostilidad que descubrimos cuando llegamos al fondo de las cosas.

Los estados europeos actuales, independientemente de que sean monarquía o república, no han conseguido despren
de
rse del concepto patrimonialista que han heredado de las antiguas monarquías. Te pongo como ejemplo la cuestión de la capitalidad del Estado; no tiene sentido hoy hablar de “capital”, pero continuamos haciéndolo, incluso apasionadamente, en lugar de hablar de polos o centros dinámicos para proyectos determinados… El gobierno puede estar donde sea, pero no todo debe pasar por donde está el gobierno, sea Lisboa, Madrid, Barcelona o Valencia… Y mientras no nos deshagamos de ese lastre, los proyectos de integración -incluso de simple convivencia en igualdad- están condenados al fracaso, por algo tan elemental como es la falta de respeto. En definitiva, podemos rompernos la cabeza discutiendo sobre la posibilidad o la imposibilidad de un proyecto de encuentro y de unión, pero no estamos ante una cuestión ideológica, racional… Estamos ante una cuestión básicamente de respeto: respeto de la singularidad, de la diferencia, de la identidad… Esa es la premisa sobre la cual pueden construirse en un plano de igualdad todas las alianzas y todos los acuerdos para trabajar juntos en proyectos concretos… Pero en España -donde se demoniza el nacionalismo catalán tildándolo de exluyente- se practica visceralmente, más allá de toda racionalidad, un nacionalismo incluyente, asimilacionista, que en los últimos tiempos va acentuando su vertiente sarcástica, irónica, hiriente. Esa es la tónica dominante, con todas las honrosas excepciones que puedan señalarse (y ojalá que fueran muchas). Y eso nos lleva a otro de los motivos esenciales por los que los proyectos de integración -o de convivencia en igualdad- están condenados al fracaso: la ignorancia. No es que no se nos haya enseñado a conocernos, es que se enseña a ignorarnos, se enseña a “desconocer” al que es distinto. ¿Cómo? Con los prejuicios, con la desinformación, con la tergiversación de la historia hasta límites escandalosos…

Creo que deberíamos construir proyectos de integración, orientados al conocimiento mutuo, al reconocimiento de las raíces comunes, de vocaciones compartidas, arbitrar soluciones conjuntas para problemas compartidos… Pero eso, que pasa por la iniciativa particular, por la colaboracion entre células asociativas y culturales, por activación del tejido social común, por la colaboración institucional… debe hacerse con una perspectiva más amplia que la de este pedazo de tierra “entre los Pirineos y el estrecho de Gibraltar” que ignora a los demás por una sola razón: porque se desconoce a sí mismo. Y superando ese marco, debemos trazar un sistema de tres ejes: europeo, mediterráneo (y eso significa también africano) y atlántico. Y hacia ahí hay que orientar las voluntades.

* Josep Anton Vidal é pedagogo e editor catalão