mis memórias-9-el obispo amigo

Mis recuerdos de Carlos Gonzáles Cruchaga

presentando uno de vário inocentes livros

… todos teníamos hijos, y él salvó a sus papás…

En el ensayo anterior, hablo de los debates que teníamos con Carlos González Cruchaga sobre los sindicatos y sobre mi creación del Movimiento Cristianos para el Socialismo, organización solicitada a nosotros los más teísta marxistas, por Fidel Castro. Lo formamos y el apoyo a nuestro Seños Presidente aumentó con católicos fervorosos, sacerdotes no muy convencidos, pero que se convirtieron al socialismo, cuando reparaban que nosotros, marxistas, sabíamos de Derecho Canónico, de Patrística, predicar con palabras simples Cuando hablo de Clotário Blest y otros cristianos como yo, que nos apoderamos, en acción concertada de la toma de Catedrales en todos los sitios del país que las tuvieran. Bien recuerdo, porque fue ayer, que no era un acto de rebelión, eras un protesto de cómo personas de fe, trataban a sus trabajadores, especialmente en la vida rural. Normalmente, las llamadas personas de bien, es decir los

ricos, se referían dentro de la familia, con un elegante Usted, o equivalentes a la segunda persona, para guardar respeto, distancia, autoridad y jerarquía. Esas personas de bien, llamaban a los trabajadores en la primera persona, ese maldito tú, que rebajaba la inocencia de los seres humanos, hacía doler el alma por el mal tratamiento y porque confundía al patrón con el inquilino, sin saber quién era quién. Excepto el patrón y sus hijos; los llamaban rotos, de forma despectiva, con ese oye tú, roto de mierda, ven para acá que necesito un trabajo tuyo…sin saber, porque la gente de bien nunca sabe el origen o la hermenéutica de las palabras, y, a veces, ni la Historia de nuestro país. Siendo que roto denotaba al soldado chileno valiente que tomó el morro de Arica, como conté en otro ensayo de mi colección mis memorias. Sin saber que quedaban mal vistos por la gran cantidad de pueblo roto que habita nuestro país. Bien como, estoy cierto, que apenas los rotos sabían que había una conmemoración el 20 de Enero de cada año, pero apenas en los barrios en que los rotos habitaban o los antiguos rotos, venidos a más, por sus inversiones, inmenso trabajo y ahorro. Así como hay gente de bien, que viene a menos, por no saber gastar e investir, esos que los amigos de mis padres, íntimos, decían siempre: el dinero es para guardarlo, comprar casas, tierras, lucrar, porque no hay cosa peor que un viejo sin plata-plata llaman al dinero en el Chile castizo.

Don Carlos era de la familia de los propietarios de la mejor viña del mundo, que produce el vino más cotizado: Tocornal. Lo supe, porque aparece en la historia. Él nunca hizo alarde de sus orígenes. Acostumbraba a decir: oiga, lindo, vea, m’hijito e otras formas de hablar que, para los que sabíamos de hermenéutica, podíamos adivinar cuándo era conversa a serio y cuándo una ironía.

Al visitarnos en nuestra casa de Talca, más bien, mi antigua casa que ahora he cedido a mi hermana e hija, la mamá que adoraba frailes, especialmente Obispos y Cardenales – Monseñor Raúl Silva Henríquez iba siempre a nuestra casa, lo habíamos conocido, como se dice en Chile, Padre de Misa y Olla, presidente de Caritas Chile y me abastecía de comida para mis rotos de Roquant, un bario de lata – favela en luso brasileño, bairro de lata entre nosotros.- en donde yo practicaba Derecho, lo que a Don Raúl después, le agradaba e iba conmigo. Era de los rotos, como parte de nuestra familia, la de la mamá que habían dejado sus bienes en España, inmensos bienes, miembros de la Corte de la Reina y amiga del Cardenal del Vaticano, Francisco Urbiola, que tuvo una bendición para nuestro matrimonio de  Giovanni Batista Enrico Montini o Pablo VI. Para competir con la familia y triunfar en estupideces.

Nunca conté éstas historias a nadie, tenía vergüenza de tratar de ser más, en tiempos de pobrezas y descalabros del pueblo de Chile. Tanto, que le pregunté a mi ex mujer si no quería volver a Europa, le encantó, esa mujer linda y hermosa que siempre amé, lo crea o no. Era lo que me decía Don Carlos: case-se hijo, se puede ver como adora a esa niña. Tanto Cardenal, tanto Papa, empujaran hasta que caí por el otro lado del caballo y me quedé solo. Carlos González me consolaba…

Tenía yo 21 años, cuando lo conocí como Rector del Seminario de Santiago. Había acabado mis estudios de Derecho y ejercía en Valparaíso. Fui a hablar con él: quería ser Sacerdote. Con esa sonrisa suya, irónicamente sana, me cogió de un brazo, me puso a la luz del día, miró profundamente a mis ojos, se rió y me dijo: Ser Padre es difícil. Tú naciste para ser Padre de papá. Busca una novia, casa-te y vas a ser feliz. Y así lo hice: conocí la mujer más linda de la tierra, años después nos casamos, tuvimos nuestra primera hija y nos fuimos a Gran Bretaña para completar mis pos graduaciones. Por causa del pánico chileno de ser el Dr. Salvador Allende el próximo Presidente de Chile, el Presidente en ejercicio, Eduardo Frei Montalva nos llamó a todos de vuelta a Chile, y volvimos. Para mal de él: todos votamos por la vía chilena para el socialismo. Solicité a mi Rector, Fernando Castillo Velasco, ser enviada a la Sede de Talca de la Pontificia Católica de Chile. No quería, pero como Antropólogo ya, me parecía útil estar en terreno para ver cómo era conducida esa vía para el socialismo Pocos meses después, Fidel Castro, de visita en Chile, nos pidió organizar lo que hicimos: Cristianos para el Socialismo. Mi amigo, quién por mi incentivo dejó el palacete de su antecesor Manuel Larraín y se fue a vivir como todos en una media agua, arreglada como debía ser para un Obispo. Su comentario fue, como siempre, lleno de risa: Bueno, mi señor, como habitualmente me llamaba, acá me tiene a vivir como los pobres. Fue abrazo y beso de inmediato, era un papá para mí. A pesar de mi falta de sentimiento de fe, él respetaba mi cristianismo. Pero, al organizar el movimiento, como Presidente del Episcopado Chileno, nos mandó llamar y tuvimos un debate a tajo abierto y en público. Mi argumento fue simple: “Don Carlos, el Espíritu Santo no está sólo con Ud., está con el pueblo de Dios, como está escrito en las Actas de los Doce Apóstoles.  ¡No lo quiera acaparar todo para Ud., pues!”. Lo hice reír, argumenté con Derecho Canónico y Teología, y quedamos como debía ser: la Conferencia Episcopal después de oír su relato sobre nuestras actividades cristianas, hasta nos apoyó.

Meses después, El Presidente Constitucional fue muerto y muchos de nosotros enviados a campos de concentración, o muertos en la calle. Don Carlos y yo, junto con otros del movimiento, organizamos una estrategia de defensa de los mal queridos del nuevo régimen. Muchos escaparon de la prisión, con el apoyo de nuestro Obispo. Cuándo  tuve esa suerte de ser prisionero de guerra, entre él y mi Catedrático de Cambridge, Sir Jack Godoy, me defendieron y consiguió que yo y otros fuéramos enviados al exilio y muchos hijos quedaron con papás vivos, gracias a estas maniobras hasta el día de hoy. En mi desesperación, quise volver a Chile, me dijo que era tonto, insensato: tanto trabajo para libertarnos, y ahora queríamos ir a la boca del lobo desde Gran Bretaña. La palabra tonto estaba siempre en su querida boca. Nos escribimos durante veintiún años. Desde 1994, a convite del Presidente Constitucional, fui a Chile y parloteamos una tarde entera. Cada año que iba para visitar los vecinos de Pencahue, de ascendencia Picunche, sobre los que escribí muchos libros en este Continente de Europa, le ofrecía uno y él, uno suyo a mí. Adoraba a nuestra madre, ya muy viejita, como la de él, quién lo visitaba en su casa, o él venía a verla a casa de mi hermana Blanquita Iturra de Toro, como narré antes en este ensayo.

Nunca me ocultó que estaba enfermo y que finalmente se iba a reunir con su Señor, mejor antes que después. Pero, duró tanto tiempo, ofreciendo su dolor a su Señor.

Lamento estar lejos y no ir a sus funerales, pero me parece estar a verlo desde el cielo, a sonreír irónicamente como siempre y a decirme otra vez: eres un tonto, lloras por mí, cuando ya estoy tan bien!

Nos vimos la última vez, el día que fui condecorado, en 2005, cuándo presentó uno de sus libros en Villa Alegre, en la tierra de su familia.

Carlos González, me diste el ánimo que me faltó el día que nuestro Presidente fue muerto y estabas en Argentina y fuiste a mi gabinete de la Sede a preguntar el cómo y el por qué. Mi respuesta fue simple: Nadie quiso acreditar en la solidaridad cristiana de Allende, ¡ni tú!, Como en la fe luterana de Marx que has leído porque te lo he pedido, pero no lo entiendes, la propiedad está mucho dentro de tu raciocinio.

Grande envidia la mía. Están ahora todos juntos en el sitio en el cuál creían y que yo no puedo pensar.

Carlos González, junto con mi otro amigo, Raúl Silva Henríquez, fue siempre mi apoyo. De tu vida no hablo, todos deben hacerlo hoy. Hablo apenas de nuestras intimidades, que ya puedo tornar públicas. En algún tiempo, desde algún espacio, continuas a apoyar al papá que salvaste, que se llama

Raúl Iturra Redondo, 40 años fuera de Chile, pero muy patriota. Este texto irá no sólo a Chile, también a los otros en los que escribo en este Viejo Continente, del cual los dos procedemos, dedico mi cuidado de los niños y sus papás, esa mi Etnpsicologia, a ti, como todos los libros que como escritor, he publicado. En breve vamos a estar juntos, si la realidad es como tú dices. Fuiste un buen patriota. ¡Esperaste el 18 de septiembre antes de partir!

Un abrazo. Nos salvaste y a nuestros hijos también.

Raúl Iturra, escritor, doctor, profesor Universitario, para mi Obispo

Parede, Portugal, 22 de Septiembre de 2008, reescrito el 11 de Febrero de 2011 para celebrar tus bodas de júbilo y para que los portugueses sepan cómo se puede ser cristiano materialista histórico…Tu me enseñaste, sin saber…

Un abrazo, mi amigo, e no tengamos pena, estamos juntos en la serenidad de nuestra lucha por el Roto Chileno

Comments

  1. pedro roxo martins says:

    a hermenêutica da palavra e o respeito e amizade de um filho de Deus, bispo. “…para que los portugueses sepan cómo se puede ser cristiano materialista histórico…Tu me enseñaste, sin saber…, e á Fé em Cristo sem a assumir.
    “…pero me parece estar a verlo desde el cielo, a sonreír irónicamente como siempre y a decirme otra vez: eres un tonto, lloras por mí, cuando ya estoy tan bien!

    obrigado professor

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