bandera mapuche
Me parece muy difícil escribir en pocas líneas, lo que está anunciado en el título. Mis primeras impresiones de los Mapuche, aparecieron en mi entendimiento y sentimiento por causa de una nana que tenía y se encargaba de mí, de mi limpieza, de mi saber comer, de que no me ensuciara porque era mal visto, que aprendiera a usar toda la vajilla y cuchillería, difícil de hacer: eran tantos y todos diferentes para las diversas comidas. En síntesis, saber usar la vajilla para poder comer en la mesa de los adultos. Éramos cinco hermanos y hermanas, y con el aprendizaje de tan difícil trabajo, quien aprendiera primero, podía sentarse en la mesa de los adultos. Nosotros los niños, comíamos en el repostero, que en portugués llaman copa. Los papás, en el comedor, bien servidos y mejor tratados.
No cuento esta parte de la historia por orgullo, es con vergüenza que hablo. Existía la idea entre el pueblo chileno, de que los nacionales Mapuche eran para servir, ser inquilinos, que no debían saber leer ni escribir para que no se sublevaran y atacaran a los Huinca, palabra Mapungun, su lengua, que significa en castellano el habla de la tierra, e Huinca, los extranjeros, que éramos nosotros, los chilenos. Bueno, eso de extranjero, en nuestro caso se aplicaba como realidad: hijos de españoles, Chile no era nuestra tierra, a pesar de que con los años allí vividos, desde la conquista del país, robado a los Mapuche, eso de ser chileno era una alegría. Especialmente cuando íbamos a nuestras tierras, trabajadas por Picunche, un clan de los Mapuche, que trabajaban por nada: se les daba un trozo de tierra que debía ser trabajada por su familia, en cuanto el hombre de la casa debía servir en la casa y tierras del patrón.































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